Entrevistas

“No podemos lograr la soberanía alimentaria si no podemos recuperar el control sobre nuestras comunidades y territorios, y si no podemos arrebatarle a las corporaciones el control que tienen sobre los alimentos”, advirtió el dirigente campesino Carlos Marentes, referente histórico de La Vía Campesina.

“Es una lucha muy complicada, requiere de un trabajo muy intenso. En estos tiempos políticos de oligarquías y de Estados que se han ido al extremo del conservadurismo, a la extrema derecha, con posiciones como la de Estados Unidos, con un neofascismo terrible, se provoca un miedo muy fuerte en las comunidades. Ellas sufren la violencia, que es real. Es decir, no es un miedo a lo que va a pasar sino un miedo a lo que está pasando”.

Marentes es parte de la organización “Proyecto de los Trabajadores Agrícolas Fronterizos”, situada en la zona de frontera entre la localidad estadounidense de El Paso, estado de Texas, y la mexicana Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua. La organización es parte de La Vía Campesina Internacional, en la que participa especialmente en los colectivos sobre migrantes, trabajo asalariado, trabajo rural, soberanía alimentaria y crisis climática y ambiental.

El dirigente explicó a Radio Mundo Real: “nuestro trabajo es el de organizar a los trabajadores agrícolas para luchar por la soberanía alimentaria, en dos formas: la primera es, por supuesto, enfrentar esta ofensiva, esta guerra de Trump (Donald, presidente de Estados Unidos) y de los sectores más regresivos que se padecen ahora en los distintos países, muy acentuadamente en los del Norte; la segunda parte es reconstituir las economías campesinas de esos trabajadores agrícolas, sus comunidades rurales e indígenas, (para evitar) el desplazamiento de seres humanos”.

En esta línea, Marentes evaluó que “uno de los signos más ominosos de la pérdida de la soberanía alimentaria es la migración de las personas, que han perdido la capacidad para seguir trabajando sus tierras”. Agregó: “esa migración se topa, precisamente en el área fronteriza donde estamos, con una militarización y una estrategia de guerra, que trata de contener la migración”. “La lucha por la soberanía alimentaria es una de las metas para enfrentar esta guerra que se ha desatado contra los pobres y que tiene que ver con un sistema más salvaje, más depredador, que sigue empeñado en asegurar que las corporaciones multinacionales controlen la producción de alimentos y los medios de producción, así como la naturaleza”, concluyó el campesino.

El dirigente de La Vía Campesina aseguró a Radio Mundo Real que cada vez hay más despojo de tierras y territorios, y que los trabajadores agrícolas intensifican la lucha para proteger esos territorios, que las corporaciones transnacionales intentan acaparar con la ayuda de gobiernos conservadores al servicio del gran capital.

El caso de Estados Unidos en este sentido es paradigmático, con la militarización de las fronteras, la aparición de grupos paramilitares, que “acá les llamamos supremacistas blancos”, y con la actuación de los diversos cuerpos policiales que han creado un ambiente de terror. Hay “una alianza terrible entre Estado, latifundistas, corporaciones agrícolas y crimen organizado. No es gratuito que en muchas partes donde el agronegocio ha logrado controlar tierras y territorios esté metido el crimen organizado, el narcotráfico”.

Marentes habla de un patrón común, un “método”: “se destruye una comunidad campesina de alguna forma, se crea un desplazamiento y luego pronto entra el narco en esa zona con los recursos y el apoyo del Estado, del Ejército, y eventualmente se crea una situación en la que rápidamente entra (el negocio de) las industrias extractivas extranjeras”.

No obstante, el representante el “Proyecto de los Trabajadores Agrícolas Fronterizos” subrayó la resistencia y la lucha de las comunidades campesinas, y del trabajo de organizaciones como la que él integra. “La idea es organizar, concientizar, preparar a la gente para defender su derecho a la vida, a la alimentación, a la tierra, a proteger sus recursos naturales. Ahí está para nosotros la clave en la lucha por la soberanía alimentaria”.

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