Editoriales radiales

Mozambique tras el Ciclón IDAI: «Esto es por el caos climático»

Editorial de Anabela Lemos - Directora de JA! Amigos de la Tierra Mozambique

Aerial photo of Tengani, locality of Malawi, affected by floods due to incessant rains between March 5 and 9, 2019. UNICEF/Juskauskas

Nuestras poblaciones están muriendo a causa de la intensificación de los eventos climáticos extremos, como el ciclón Idai que azotó Mozambique, Malawi y Zimbabwe el 14 de marzo, junto con las inundaciones anteriores y relacionadas de los ríos de la región que provocaron gran devastación y sufrimiento.

Sabemos que en Mozambique estamos en la primera línea del colapso del clima. Los habitantes más pobres y vulnerables siempre son los que sufren las catástrofes climáticas. De eso mismo estamos siendo testigos en Mozambique en este momento.

Nunca nos imaginamos sufrir este nivel de destrucción, quizás porque no todo fue un efecto directo del ciclón. Tal como ocurre en la vida misma, porque nada sucede de forma aislada, como parte de esta tragedia sufrimos la ira del ciclón Idai y las inundaciones provocadas por el desborde de los ríos, probablemente en parte debido a una mala gestión de las represas. Los argumentos científicos son claros y no quedan dudas de que estos eventos climáticos son exacerbados por el cambio climático. Hasta ahora, el mundo no se ha comprometido a hacer lo que todas y todos sabemos que hay que hacer: Poner fin a la energía sucia y al financiamiento de los combustibles fósiles y las represas en nuestros países.

Todo comenzó con las inundaciones. En la mañana del 8 de marzo, el río Rovubuè (afluente del Zambezi) llegó a su pico máximo al mismo tiempo que lo hizo la represa de Cahora Bassa, que comenzó a liberar 3000 metros cúbicos por segundo. En la confluencia del Zambezi y el Rovubuè se dio un fenómeno denominado “reflujo”, que significa que el Rovubuè no podía descargar sus aguas en el Zambezi y por lo tanto se generó un retorno masivo de agua en la cuenca de los dos ríos. Esto produjo un caos total e inundaciones en dos provincias: Tete y Zambézia. Nampula también se vio afectada.

Los habitantes, que se despertaron con agua dentro de sus hogares, comenzaron a buscar lugares más altos y quedaron atrapados en los techos esperando que llegara la ayuda. Muchos puentes comenzaron a desbordarse y colapsar y nos llegaba información confusa sobre el hecho de que las represas de Malawi y Zimbabwe habían abierto sus compuertas. El río Luciari también se desbordó. Luego comenzamos a recibir noticias de la llegada de un ciclón.

El ciclón Idai azotó Beira (en la región central de Mozambique) por la noche del 14 de marzo y tres provincias más se vieron afectadas. Los enormes caudales y las represas en todos los ríos (y el colapso de una de ellas) fue lo que empeoró todo. Se trata de una catástrofe nunca antes vista en Mozambique. Ríos llenos de cocodrilos, gente subida a techos y árboles, puentes destruidos y la mayoría de las carreteras obstruidas.

Hasta dos días después, no había comunicaciones de ningún tipo. Los equipos de rescate comenzaron a llegar a Beira el domingo 17, pero los rescates solo se podían hacer por agua o aire. Desde la noche del 14 no tienen agua, energía, comunicaciones, bancos, tiendas, nada funciona. Beira y el resto de las provincias de Sofala y Manica fueron destruidas completamente.

Todos sabíamos que se venía el ciclón y nos sentimos llenos de frustración e impotencia. Honestamente, no sabemos qué demonios estaba haciendo nuestro gobierno. Su falta de empatía con todo lo sucedido, sabiendo lo que se venía y haciendo absolutamente nada para prepararse. Simplemente emitieron una advertencia para que la gente se quede dentro de sus casas. No tenían listo ni un solo bote de rescate para apoyar a la población. En cambio, nuestro presidente visitó Suazilandia durante el ciclón, lo que dice básicamente todo sobre sus prioridades. Nos deja a todos los habitantes con la conciencia enferma.

Los equipos de rescate sudafricanos fueron los primeros en llegar, incluso antes que nuestro ejército. También llegaron a Beira tres barcos de India, un avión con militares de Portugal y muchos otros, como Médicos sin Fronteras.

El sábado 23 un barco salió de Maputo con bienes y artículos de necesidad básica, organizado por distintas escuelas, instituciones, ONG y la sociedad civil en general de Maputo, además de donaciones. JA! también compró algunos artículos y los llevó al puerto. Muchos voluntarios y voluntarias están ayudando en el puerto. La solidaridad de la sociedad civil de Maputo ha sido maravillosa y está unida con un solo objetivo: ayudar a la población de Beira y las áreas cercanas.

La información llega de a poco. Nos enteramos de historias terribles de alrededor de 300 a 500 cuerpos flotando en el río en un tramo de 4 km, de gente dándose por vencida y soltándose de los árboles, niños y mujeres llorando pidiendo ayuda. También de muchas acciones de oportunismo y violencia en un momento de duelo, dolor y pesar, lo que nos llena de tristeza. Pero al mismo tiempo nos llegan historias maravillosas de solidaridad, como la de un hombre que salió en su propio barco a rescatar a todas las personas que se encontraba. Esto nos da esperanza.

Por ahora, nos hemos enfocado en la solidaridad, todas/os queremos ayudar, pero hay que hacer mucho más en el futuro cercano. Apenas las carreteras estén en mejores condiciones, cuando los ríos bajen, iremos a ver qué podemos hacer para ayudar de otra forma además de enviar donaciones. También queremos saber cómo el ciclón se volvió tan fuerte luego de que los ríos comenzaron a desbordarse, si hay alguna conexión.

Algunos habitantes de Beira y de las áreas cercanas le piden al gobierno que deje de volar para sacar fotos de la catástrofe, cuando deberían estar usando los helicópteros para rescatar personas, que es mucho más importante. Pero lo único que quieren hacer es ver el panorama desde lo alto del cielo.

Hay algo seguro: esto se debe al cambio climático y si no fue suficiente para que nuestros gobiernos dejen de lado la energía sucia, quizás la próxima vez ellos deberían ser los que estén subidos a los árboles pidiendo ayuda y viendo los cocodrilos. Deben comenzar a sentir lo que el pueblo está sintiendo. Quizás eso los haga más humanos y se preocupen por la gente y el planeta.

El pueblo de Mozambique y de muchos otros países está muriendo a causa de un par de empresas y gobiernos codiciosos que no tienen la decencia de poner fin a esta locura. El mensaje es claro: si no paramos, la situación solo empeorará en los próximos años.

Le pedimos a los gobiernos de los países occidentales “civilizados” que dejen de financiar la extracción de combustibles fósiles.

Los habitantes de Mozambique saben que este es un caos climático. Saben lo que está sucediendo. Y van a salir a preguntarle a todos los países del norte: ¿por qué nos siguen haciendo esto?

Pongan fin a este genocidio.

 

Anabela Lemos

Directora de JA! Amigos de la Tierra Mozambique

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