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Se cumplen 15 años de la catástrofe nuclear de Fukushima Daiichi

Amigos de la Tierra Japón denuncia la expansión nuclear y la vulneración a los derechos humanos

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Han pasado 15 años desde el Gran Terremoto en el este de Japón y la posterior catástrofe nuclear de Fukushima Daiichi. La catástrofe está lejos de haber terminado y los impactos se siguen manifestando. Las personas que fueron evacuadas, las que regresaron y las que llegaron recientemente a la región enfrentan desafíos continuos y complejos.

“Quince años después de la catástrofe nuclear de Fukushima Daiichi, los recuerdos ya están comenzando a desvanecerse. Se están utilizando fondos públicos para promover la narrativa de que el agua contaminada y la tierra removida son seguras, mientras el gobierno avanza con la reactivación de las centrales nucleares. Esto genera una profunda sensación de alarma: es como si las lecciones de Fukushima estuvieran siendo borradas y la catástrofe misma nunca hubiera ocurrido”, dijo Ayumi Fukakusa, directora de la organización ambientalista japonesa Amigos de la Tierra Japón (AT Japón).

A pesar del dolor, el sufrimiento y las contradicciones no resueltas que dejó la catástrofe, el gobierno de Japón impulsa políticas para revivir la energía nuclear, comprometiendo enormes cantidades de fondos públicos para estos esfuerzos. Al mismo tiempo, con la excusa de la “asistencia para el desarrollo”, los países industrializados promueven la expansión nuclear en países en desarrollo a través del financiamiento de instituciones como el Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo, que son principalmente financiados y de propiedad de países miembro, como Japón y Estados Unidos.

Estos acontecimientos pasan por alto las duras lecciones de la catástrofe de Fukushima y no tienen en cuenta los enormes costos y riesgos de la energía nuclear, el problema sin resolver de los desechos radiactivos y la amenaza continua de la proliferación nuclear. En todo Japón y alrededor del mundo, los movimientos populares siguen resistiendo estas tendencias con persistencia y determinación.

Responsabilidades no asumidas y el futuro incierto de los desechos nucleares

En febrero de este año, la Compañía Eléctrica de Tokio (TEPCO), la empresa responsable de la catástrofe de Fukushima Daiichi, reinició las actividades de la Unidad 6 de la central nuclear de Kashiwazaki-Kariwa en la prefectura de Niigata. La responsabilidad jurídica de los ejecutivos de TEPCO por la catástrofe de Fukushima sigue sin asumirse. Mientras tanto, la central de Kashiwazaki-Kariwa se ha visto plagada de escándalos, comportamientos indebidos y problemas técnicos.

El reinicio de los reactores nucleares genera inevitablemente un mayor gasto de combustibles nucleares. Se prevé que el combustible de Kashiwazaki-Kariwa se transporte a unas instalaciones de almacenamiento provisionales en la ciudad de Mutsu, prefectura de Aomori. Pero su destino final sigue sin ser claro. El gobierno prevé enviarlo a la planta de reprocesamiento de Rokkasho, pero la finalización de esas instalaciones ya se pospuso 27 veces, lo que genera dudas de que la planta pueda estar desactualizada incluso antes de comenzar a funcionar. Incluso aunque Rokkasho entre en funcionamiento, no se ha decidido el sitio final de eliminación de los desechos radioactivos vitrificados de alto nivel que produciría.

El gobierno ha ofrecido importantes subsidios a comunidades con dificultades económicas a cambio de que acepten estudios preliminares basados en documentación para los posibles sitios finales de eliminación. En muchos casos, estas iniciativas han profundizado las divisiones dentro de las comunidades locales.No debemos olvidarnos de que la energía nuclear sigue representando cargas desproporcionadas para las regiones y comunidades económicamente vulnerables.

Energía nuclear y derechos humanos

La energía nuclear supone graves problemas ambientales y de derechos humanos en todas las etapas de su ciclo de vida, desde la minería de uranio y el procesamiento de combustible al funcionamiento de las plantas, la gestión de los desechos y el desmantelamiento. Las/os trabajadoras/es que participan en el funcionamiento de la planta y su desmantelamiento se exponen a la radiación. La minería de uranio y las instalaciones de desechos nucleares con frecuencia se concentran en tierras indígenas, lo que obliga a los Pueblos Indígenas a soportar las cargas desproporcionadas de las políticas nacionales de energía.

La historia demuestra que, en catástrofes nucleares anteriores, se ha subestimado la magnitud de los daños y se ha ocultado información crucial. Quienes más sufren suelen ser las personas más vulnerables. Las víctimas de la catástrofe de Fukushima no sólo perdieron sus hogares y comunidades; muchas siguen siendo objeto de discriminación social y marginación.

El costo creciente de la energía nuclear y el uso de fondos públicos

El costo de la energía nuclear sigue aumentando, lo que la convierte en una de las fuentes de generación de electricidad más costosas. Sin embargo, el gobierno japonés sigue retratando a la energía nuclear como una opción económicamente competitiva.

Por ejemplo, el gobierno calcula que el costo de construir un nuevo reactor nuclear es de 720.3 mil millones de yenes (casi 5 mil millones de dólares). En realidad, proyectos recientes de construcción de centrales nucleares en el extranjero han costado varios billones de yenes por reactor (entre 13 mil y 19 mil millones de dólares).

Según los cálculos más recientes del gobierno, los costos de desmantelamiento, indemnización y descontaminación relacionados con la catástrofe de Fukushima ascienden a 23,5 billones de yenes (unos 150 mil millones de dólares). Esta cifra no incluye los costos de gestionar las enormes cantidades de desechos radiactivos generados durante el proceso de desmantelamiento. Para apoyar a TEPCO, el gobierno creó la Corporación para la Compensación por Daños Nucleares y la Facilitación del Desmantelamiento, que permite canalizar fondos públicos y contribuciones de otros operadores nucleares a TEPCO.

Hoy en día, los operadores nucleares enfrentan costos de mantenimiento y mejora de la seguridad cada vez más elevados, lo que dificulta cada vez más sostener el funcionamiento de los reactores. Como respuesta, el gobierno ha introducido mecanismos financieros complejos, como las “subastas de energía descarbonizada”, para garantizar ingresos a los operadores nucleares. También está analizando nuevos sistemas para facilitar financiamiento público dirigido a la construcción de nuevos reactores a través de la Organización para la Coordinación Interregional de Operadores de Transmisión (OCCTO), junto con garantías de deuda respaldadas por el gobierno.

En la práctica, estas medidas trasladan los riesgos financieros y los costos de la energía nuclear a la ciudadanía.

El futuro incierto del desmantelamiento

En noviembre de 2024, TEPCO llevó a cabo una prueba de recuperación de los restos de combustible nuclear fundido en la central de Fukushima Daiichi. Tras repetidos retrasos y dificultades técnicas, y exponiendo a las/os trabajadoras/es a la radiación, la cantidad recuperada fue menos de un gramo. Aun así, TEPCO declaró que esto marcaba el comienzo de la remoción a gran escala de los restos de combustible en la fase 3 de su hoja de ruta para el desmantelamiento.

Sin embargo, algunas preguntas fundamentales siguen sin respuesta: ¿cómo se retirarán las aproximadamente 880 toneladas de restos de combustible fundido? ¿Dónde se almacenarán y cómo se tratarán o eliminarán finalmente? Aunque la remoción de los restos se ha presentado como una prioridad incuestionable, deberíamos hacer una pausa y abrir un debate público más amplio sobre el camino más responsable a seguir.

TEPCO ha acumulado grandes volúmenes de agua contaminada en el lugar. Esta agua está compuesta por agua subterránea y de lluvia que entra en los edificios de los reactores y se mezcla con el agua utilizada para enfriar los restos de combustible fundido. A pesar de haber sido tratada con el Sistema Avanzado de Procesamiento de Líquidos (ALPS), el agua sigue conteniendo sustancias radiactivas como tritio, yodo-129, estroncio-90 y carbono-14. Desde agosto de 2023, TEPCO ha comenzado a diluir esta agua con agua de mar y a verterla al océano.

Alternativas como el almacenamiento a largo plazo en tanques o la solidificación y el almacenamiento controlado en tierra apenas se han tenido en cuenta.

El accidente también provocó una gran contaminación del suelo. Grandes cantidades de tierra contaminada se retiraron durante el proceso de descontaminación y se transportaron a instalaciones de almacenamiento provisionales cercanas a la central. Desde entonces, el Ministerio de Ambiente ha reclasificado este material como “suelo reciclado para la reconstrucción” y ha emitido ordenanzas que permiten su reutilización en proyectos de obras públicas en todo el país.

Los materiales radiactivos deberían ser estrictamente contenidos y gestionados, no dispersarse en el ambiente. Sin embargo, quienes expresan su preocupación suelen ser acusados de “difundir rumores dañinos” y se les presenta como obstáculos para los esfuerzos de recuperación. Se están utilizando importantes fondos públicos para promover la narrativa de que la descarga al océano del agua tratada con ALPS y la reutilización del suelo contaminado son seguras y necesarias para la reconstrucción.

Los usos “pacíficos” y “militares” de la tecnología nuclear

El 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques militares a gran escala contra Irán, que provocaron numerosas víctimas civiles, entre ellas niñas y niños. Condenamos enérgicamente estos ataques.

En un momento en el que se estaban llevando a cabo negociaciones entre Estados Unidos e Irán sobre cuestiones nucleares, este uso repentino de la fuerza, que desestima el derecho internacional, ha suscitado fuertes críticas en todo el mundo. El principio de que “no se debe tolerar ningún intento unilateral de cambiar el statu quo por la fuerza”, ampliamente invocado en respuesta a la invasión de Ucrania por parte de Rusia, debe aplicarse de manera coherente a todos los países.

Tal como declaró el presidente francés Emmanuel Macron en diciembre de 2020, “sin energía nuclear civil, no hay energía nuclear militar; y sin energía nuclear militar, no hay energía nuclear civil”. La energía nuclear civil y las armas nucleares están fundamentalmente interconectadas. Esta relación ayuda a explicar por qué muchos países se muestran reacios a abandonar programas nucleares costosos y de alto riesgo. El desarrollo nuclear de Irán también se ha justificado bajo la bandera del “uso pacífico” de la energía nuclear.

Además, como han demostrado los ataques de Rusia a Ucrania, las propias instalaciones nucleares pueden convertirse en objetivos de operaciones militares, lo que aumenta aún más los riesgos asociados con la tecnología nuclear.

“En un contexto internacional cada vez más inestable, los riesgos asociados con la tecnología nuclear siguen aumentando. Al mirar hacia atrás en la historia, queda claro que en las varias catástrofes nucleares que han ocurrido, quienes soportan la mayor carga suelen ser personas en posiciones vulnerables, como los Pueblos Indígenas y las comunidades locales. Los impactos de estas catástrofes han sido subestimados y se ha ocultado información importante”, dijo Kanna Mitsuta, integrante de AT Japón.

La energía nuclear no es limpia, ni justa

Quince años después de la catástrofe nuclear de Fukushima Daiichi, la gente sigue viviendo con sus consecuencias. Los gobiernos no deben repetir los errores del pasado. En su lugar, deben acelerar la transición que nos aleje de los sistemas explotadores de producción y consumo masivos y nos acerque a energías renovables seguras y sustentables.

Hacerle frente a la crisis climática es una prioridad mundial urgente. Pero reactivar la energía nuclear, una fuente de energía costosa, lenta de implementar y que conlleva contaminación ambiental radiactiva y violaciones de los derechos humanos, desde la extracción de uranio hasta la eliminación de residuos, no proporcionará la transición energética rápida y justa que el mundo necesita.

AT Japón mantiene su compromiso de afrontar toda la realidad de la catástrofe de Fukushima y sus consecuencias actuales. Junto con personas de todo Japón y de todo el mundo, seguiremos trabajando por un futuro energético sustentable y democrático, libre de energía nuclear y de amenazas nucleares.

Este texto fue escrito por Amigos de la Tierra Japón, si quieres saber más sobre la organización ambientalista japonesa haz clic aquí.

Foto: Keow Wee Loong 

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