La discusión sobre qué transición energética queremos es hoy más urgente que nunca. Vivimos una coyuntura global marcada por el avance de las extremas derechas, la profundización de las guerras, el genocidio, el militarismo, los bloqueos y nuevas formas de colonialismo que buscan garantizar el control de los territorios, los bienes comunes y las fuentes de energía. En este escenario, las grandes potencias y las corporaciones refuerzan un modelo que prioriza la acumulación, el saqueo y la concentración de riqueza, mientras descargan sus costos sobre los pueblos, especialmente en el Sur Global.
Al mismo tiempo, la crisis climática se agrava de manera acelerada como consecuencia de un sistema energético basado en la quema de combustibles fósiles, el extractivismo y una lógica de consumo al servicio del mercado y no de la vida. Hablar hoy de transición justa implica disputar el sentido de la salida a esta crisis: no aceptar falsas soluciones ni nuevos maquillajes verdes para el mismo modelo de despojo, sino impulsar transformaciones profundas que pongan en el centro la justicia social, ambiental, económica y de género.
Que la transición justa sea feminista implica poner en el centro la sostenibilidad de la vida y cuestionar las múltiples opresiones que sostienen el actual sistema energético. Desde el feminismo popular, la energía no se entiende como una mercancía sino como un derecho vinculado a los cuidados y a la reproducción de la vida. Esta mirada permite evidenciar cómo el modelo energético dominante se sostiene sobre desigualdades estructurales y cómo sus impactos recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres.
Una transición justa feminista también implica disputar las relaciones de poder que estructuran el sistema energético, hoy controlado por empresas transnacionales que condicionan a los Estados y debilitan las democracias. No se trata solo de cambiar fuentes energéticas, sino de transformar el modelo: fortalecer la participación social, democratizar la toma de decisiones y avanzar hacia sistemas energéticos bajo control público y orientados al bien común.
Desde abajo y sin fósiles
En este contexto, y camino hacia la Primera Conferencia Internacional para una Transición Justa hacia el Abandono de los Combustibles Fósiles que se realizará a fines de abril, en Santa Marta, Colombia, se desarrolló el webinario “Perspectivas de Transición Justa y Feminista”. El encuentro, organizado por Amigos de la Tierra Internacional (ATI) [1] buscó profundizar el debate y fortalecer las alianzas construidas entre movimientos sociales, retomando el proceso impulsado en la Cumbre de los Pueblos de Belém [2], donde la transición justa, popular e inclusiva ocupó un lugar central en los ejes de discusión.
El webinario contó con la participación de organizaciones y referentes de distintos continentes y sectores, entre ellas la Marcha Mundial de las Mujeres y la Confederación Sindical de Trabajadores y Trabajadoras de las Américas, reafirmando que la transición justa es una agenda común que se construye desde la articulación entre movimientos feministas, sindicales, ambientales y populares.
Desde ATI se impulsa la perspectiva de una transición justa feminista [3] como parte de esta construcción colectiva con organizaciones aliadas. Este recorrido fue sintetizado en una propuesta basada en diez principios que orientan la transformación del sistema energético [4] desde una mirada de justicia social, ambiental, económica y de género.
Lise Mason, integrante de ATI, advirtió que muchas de las llamadas “transiciones verdes” están reproduciendo nuevas formas de extractivismo, convirtiéndose en falsas soluciones que mantienen intactas las relaciones de poder del sistema energético. Señaló además la captura corporativa del debate sobre la transición justa y planteó preguntas clave: ¿para qué, para quién y de dónde viene la energía? En ese marco, presentó los diez principios para una transición justa y feminista, que apuntan a descentralizar los sistemas energéticos, frenar el extractivismo y evitar que la transición reproduzca el modelo de consumo del Norte global.
Durante el encuentro, Sophie Ogutu, integrante de la Marcha Mundial de las Mujeres de Kenia, resaltó que las soluciones a las crisis se construyen desde las bases, donde muchas veces las personas se ven obligadas a organizarse y desarrollar alternativas a nivel local para sostener sus propias vidas, la de sus familias y comunidades. “Cuando hablamos de transición justa, hablamos de proteger la vida y los sistemas que la hacen posible. No de sustituir un tipo de explotación por otra”, afirmó.
Este enfoque, profundamente ligado a la economía feminista [5], pone en el centro el reconocimiento y la redistribución de los cuidados, ese trabajo invisibilizado que sostiene la vida y que ha recaído históricamente sobre las mujeres. Para Ogutu, el camino debe ser de la exclusión a la participación: “si no nos invitan a la mesa, hay que agarrar la silla y sentarse en la mesa, sin violencia, pero con firmeza”. También destacó la necesidad de pasar de la fragmentación a la interseccionalidad. La militante feminista dejó dos ideas que atravesaron el encuentro: “una transición justa y feminista desafía el poder” y “los liderazgos feministas son colectivos”.
En movimiento y por la vida
La articulación entre movimientos sociales fue el centro de la exposición de Natalia Lobo, parte de la Marcha Mundial de las Mujeres de Brasil, quien subrayó que el debate energético está directamente vinculado al racismo ambiental, la soberanía alimentaria y el internacionalismo de los pueblos. La transición justa, afirmó, “es una apuesta política amplia. Es una agenda común y una alianza política, no una cuestión técnica de la que se puedan apropiar”.
Lobo también señaló que las guerras y la militarización refuerzan un sistema energético mercantil injusto, que profundiza la pobreza energética en el Sur Global. En ese sentido, planteó la desmilitarización como un elemento central y reafirmó que “la energía debe ser un bien común en favor de la vida, un derecho al servicio de la reproducción de la vida y no al servicio de la muerte, de las grandes empresas tecnológicas y la guerra”.
Desde Amigos de la Tierra Asia Pacifico (APAC), Rasha Abu Dayyeh destacó que la transición justa no es una discusión teórica, sino una cuestión de supervivencia vinculada al acceso a energía, agua y alimentos en contextos de ocupación y guerra. Explicó que la destrucción de infraestructura energética y el control de los bienes naturales profundizan la desigualdad y aumentan la carga de trabajo no remunerado para las mujeres. “La transición justa y la justicia social son inseparables. Si no garantiza derechos ni repara a quienes han sido afectados, no es justa”.
Además, la integrante de APAC resaltó que la transición también implica soberanía e independencia. Esta idea es compartida por las diferentes organizaciones que participaron en el webinario, que también coincidieron en la necesidad de disputar el modelo energético dominante, fortalecer la participación de los pueblos y construir alternativas democráticas que garanticen derechos.
Desde el movimiento sindical se destacó la importancia de que la transición energética incluya trabajo digno y justicia social, mientras que desde organizaciones del Sur Global se remarcó la urgencia de frenar el extractivismo y las falsas soluciones.
Iván González, de la Confederación Sindical de Trabajadores/as de las Américas subrayó que la transición justa debe construirse con protagonismo de las y los trabajadores y trabajadoras, frente a un sistema energético dominado por la financiarización, la mercantilización de los bienes comunes y el poder corporativo. Destacó además la necesidad de disputar el rol del Estado y avanzar hacia el control soberano de la energía, poniendo como ejemplo procesos donde la transición energética se vincula con respuestas colectivas frente a bloqueos y crisis, como el caso de Cuba.
Este proceso continuará profundizándose en la Conferencia de Santa Marta y la cumbre social que se realizará en paralelo, que buscará fortalecer la articulación entre movimientos y avanzar en propuestas concretas para una transición energética justa, feminista y popular, que ponga la energía al servicio de la vida.
——- Si quieres saber más sobre Transición Justa y Feminista te recomendamos leer y/o escuchar este reporte [6] y mirar este video [7] ——-